Diego y Gerardo

 

Ellos son Diego y Gerardo. Se conocieron por Facebook el 06 de septiembre del 2016. Gerardo vivía en Talagante y Diego en Santiago. Lemebel, el cine y el teatro se habían cruzado en sus caminos. Largas conversaciones se mezclaban con risas y lágrimas. Gerardo pensaba que Diego era inhumano y soberbio y Diego creía que Gerardo era demasiado buen hombre. Extremos muy opuestos, por así decirlo.

Gerardo volvió a las quimioterapias por la reaparición de un cáncer linfatico no Hodgkin; diagnóstico mucho más complejo en pacientes VIH Positivo. Ahí fue el primer encuentro cara a cara. Una habitación del Hospital San Juan de Dios. Gerardo tenía una torre de libros sobre la cama y Diego llevaba una mochila que guardaba su block de notas con sus historias. Gerardo parecía más tímido en persona. Desde ese día comenzaron a reunirse. Se saludaban y se despedían en el carrusel de la Estación Central, porque ahí llegaban las micros desde Talagante.

Caminaban por Santiago escogiendo las mejores butacas para ver sus obras favoritas. Se miraban. Sonreían. Y entremedio de las obras, ambos esperaban que el otro le tomara la mano y, aunque fuese un poquito, rozarse.

Los últimos días de Febrero del 2017 cambiaron las cosas. Diego entró de urgencia, y en coma, a ese mismo hospital. Gerardo se enteró mientras pasaba sus vacaciones en Arica y al volver decidió devolverle la mano a su amigo. Lo fue a ver. Lo acompañó en la misma sala, el mismo personal del hospital. ¿Creen en las señales? Un día, una de las chicas que, a diario se encargaba de sus medicamentos, le preguntó desde cuándo estaban juntos. Diego sonrió. Gerardo había convencido al personal de que eran pareja. Así nadie le impediría poder entrar a verlo. Le llevó libros de regalo y siempre se despedida con el abrazo más fuerte y necesario.

36 días después Diego volvió a casa. Se extrañaban. Se necesitaban. El 05 de mayo, Gerardo llevó a Santiago a celebrar el cumpleaños de Diego; lleno de dulces y una torta de chocolate. Ese día celebraron sobre una manta en la mitad de la Quinta Normal.

Gerardo nunca dejó de decirle a Diego que después de haber estado en coma se había vuelto más humano. Diego no entendía que Gerardo sólo quería decirle que ahora le gustaba más. Por su lado Diego se sentía seguro entre sus abrazos y en su compañía. Las semanas pasaron en ese ir y venir. Diego se encaminaba a Talagante y en otras ocasiones Gerardo pasaba días completos recorriendo los más insólitos barrios y lugares con Diego.

Una tarde muy fría. Con el sol poniéndose. Diego decidió ponerse unas calcetas chilotas mágicas. Mágicas porque tenían el don de cumplir deseos y hacer magía. Y un día, entre calcetas mágicas y el atardecer, Gerardo y Diego se dieron un beso mientras se comían los chocolates que les había regalado la Tía Leo.

Dicen que ese día nacieron como pareja. Y nacieron para siempre. Que nunca dejaron de tomarse de las manos cuando se apaga la luz y comienza una obra de teatro. Que nunca volveran a despedirse porque no hay mejor abrazo que aquel que das cuando despiertas con la persona que amas.

El 15 de Febrero del 2018 firmaron su Unión Civil y dos días después consagraron su futuro en un ritual de amor; El ritual de las Arenas.

Hoy Diego y Gerardo son Colectivo Mar y Cueca. Sus pasiones se convirtieron en un propósito y en las causas que defienden. Son más amigos que antes. Son compañeros en sus letras y en los escenarios. Son los personajes de sus crónicas. Son maestros en la cocina, compañeros de curso, amantes, amigos. Ambos sienten que han vivido toda una vida juntos. Y que no fue casualidad del destino ponerlos en el mismo camino.

Se enojan y se odian como nos pasa a todos. Se miran, sonríen y se funden en un beso. Ahí están. Alimentando un amor que, saben, será para siempre.

Duración: Dos años.
Relación: Estable.

Canción: Florence OST –  Wake up, Moving On