Fernanda y Francisca

 

Último viernes antes de entrar a la universidad. Dos jóvenes con distintas expectativas, pero ninguna con la intención de querer una relación amorosa. Fernanda estaba conociendo a sus futuros compañeros en la inducción por su primer año de Ingeniería Civil Industrial. Para Francisca, en cambio, era su segundo año como estudiante de Psicología. Se encontraron en medio del pasillo; una estaba sobria, la otra no tanto. Casi no hubo intercambio de palabras, pero las miradas decían mucho más.

Ambas tenían en común a una persona, quien fue la responsable de hacer las conexiones vía redes sociales. El botón de “seguir” estaba a la mano de ambas, pero fue Fernanda la que dio el primer paso. Se stalkearon mutuamente, con el miedo a que se les escapara un corazón en una foto antigua. Dos días después, luego de pensarlo muchas veces, Fernanda decidió responder una de las historias de Francisca. “La que la sigue, la consigue”, pensó. Y desde ese día, nunca más dejaron de hablar.

Comenzaron a juntarse en el horario de almuerzo, pero, más que hambre, lo que ambas sentían eran maripositas en el estómago. Al término de la semana, se volvieron a encontrar en el mismo lugar en donde se vieron por primera vez, sin embargo, ahora no por casualidad. Pudo haber sido un “viernes de Foro” cualquiera, pero no. Ese día fue el primer beso, y el segundo, y los cientos de besos de esa tarde. Se hacía de noche y era hora de irse a la casa. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que, entre beso y beso, a Fernanda le habían robado su mochila, pero en ese momento nada importaba.

El semestre avanzaba y, a pesar de estudiar carreras completamente distintas, se hacían el tiempo para verse todos los días en los pastos de filosofía, sector que terminó convirtiéndose en “su lugar”. Pero no todo era universidad, así que asistieron a la celebración del día del trabajador de la Fonda Permanente. Era la primera vez que Fernanda asistía a este tipo de eventos, no así Francisca, quien usualmente asistía a éstos. Entre cerveza y terremotos, parecía que sólo existían ellas y la música. A la mañana siguiente, en medio de la “caña”, se sorprendieron al verse besándose en una de las fotos subidas en la página oficial de la Fonda. Parecía increíble que, habiendo miles de personas, las hubieran fotografiado en primer plano sin siquiera percatarse.

La conexión entre ellas se fortalecía más y más. Ambas se sentían en una relación, pero ninguna había hecho la pregunta explícitamente.
Previo a las cuecas, un 15 de septiembre, Francisca – como nunca – llega temprano a la universidad para preparar todo antes de hacer la tan ansiada pregunta que pondría la formalidad de la relación. Escribió pistas que llevaran a Fernanda hasta el lugar donde siempre se juntaban, quién, entre lágrimas de emoción, respondió de forma afirmativa. “15 de cada mes”, como lo llaman algunas personas.

Todo iba como viento en popa, sin embargo, no todo puede ser perfecto. Ambas pasaron por momentos difíciles a nivel personal, pero siempre se apoyaron la una a la otra, llenándose de besitos cada vez que se veían.

Dicen que cuando hay amor, no existen límites y, tanto Fernanda como Francisca saben de esto. Fernanda incluso salía de su casa a las cinco de la mañana para llegar a la casa de Francisca a las siete de la mañana. Ambas viven en los extremos de la ciudad. Cruzan Santiago entero sólo para verse, aunque sea por media hora, que de seguro son los mejores treinta minutos de sus días.

Duración: Once meses
Relación: Estable.